Todo apunta a que los partidos
no se la están jugando por la renovación y se advierte que en las directivas se
mantienen los ‘caciques’ y ‘dinosaurios’ políticos, en pro de la supervivencia.
El escenario planteado deja entrever que en Colombia los partidos no se
renuevan y que en sus cuadros directivos pesa más la experiencia que el
entusiasmo de las nuevas generaciones. El
ex senador de la U, Juan Carlos Vélez y
candidato a la alcaldía de Medellín, quien hoy está en las toldas del Centro
Democrático, enfatizó que “en los actuales momentos los partidos pasan por su
peor momento”, ya que en su criterio carecen de ideas y no existe una sintonía
con la opinión pública. “hoy en Colombia pertenecer a un partido ya no es
representativo ni importante, es como afiliarse a cualquier cosa”.
Los avales están acabando con
el prestigio de los partidos. Como la decisión de a quién se le dan es
arbitraria, los rechazados con frecuencia simplemente buscan el aval en otra
parte. Eso ha hecho que en Colombia no solo los partidos escogen candidatos, sino
también que los candidatos con votos escogen partidos.
El panorama en estas próximas
elecciones es igual al de siempre. Analizando las campañas se nota que los
candidatos utilizan fórmulas clásicas, de técnicas de propaganda muy comunes.
Todos se aferran a ese discurso de crítica. Los políticos están tratando de
venderse de manera anticuada, como ya ni los productos de consumo se venden. Los
políticos mantienen la misma postura de siempre: ni oyen ni ven lo que la
población demanda.
Una democracia es fuerte
cuando tiene partidos políticos fuertes y bien estructurados. Lamentablemente
en nuestro país, los partidos políticos distan mucho de ser escenarios democráticos
válidos, donde los ciudadanos puedan participar con planes y programas de
desarrollo para sus regiones. Empezando porque quienes los dirigen, se ven a
calzas prietas para ejercer el control y disciplina que se requiere para su
buen funcionamiento. Se ven casos tan vergonzosos de congresistas que a pesar
de ser avalados por su partido, luego incurren en el transfuguismo o la doble
militancia respaldando otro candidato y finalmente nada pasa.
No prima el interés de partido
sobre el interés de las comunidades, que son en últimas las más perjudicadas en
sus procesos de desarrollo. Actualmente, Colombia ha tenido enormes cambios y
una mayoría participativa significativa en cuanto a nuevos partidos y
movimientos políticos surgidos por la falta de credibilidad y diferencias con
los partidos tradicionales, el decaimiento de los partidos políticos se debe a
su falta de ideología arraigada y aplicada, contrariamente, puede verse cómo
ahora en éstos últimos tiempos, son los candidatos quienes prácticamente
representan con sus propuestas las necesidades y planes a tomar en su mandato,
es decir, el candidato tiene más voz en una campaña que el mismo partido.
El déficit de representación
de los pequeños partidos en comparación con los tradicionales, la falta de
vigilancia y control por parte de las autoridades en las regiones y la manera
en que se orientan los ciudadanos hacia los objetos políticos (sean candidatos
o instituciones) son fenómenos que generan caldo de cultivo para hacer de los
avales un producto que puede adquirir quien tenga cómo pagarlo y que termina
perjudicando a candidatos que, aunque representen los intereses de la comunidad
y sean respaldados por esta, necesitan del aval para participar del derecho de
ser elegidos. Del mismo modo, la falta de institucionalización del sistema de
partidos ha contribuido a la necesidad de los aspirantes de buscar avales, sea
en el partido que sea, conllevando muchas veces a causales de inhabilidad por
doble militancia. Dicho problema está asociado también a las facilidades de ingreso
y salida dentro de los partidos políticos, provocando una ruptura en la unidad
de los mismos. Las grandes coaliciones en el país, dieron como resultado, en
las elecciones de este domingo, una gran
victoria para los candidatos independientes.
No se puede hablar de
desaparición de los partidos políticos, si solo se trata de un cambio de
denominación, aunque esto podría crear la falsa imagen de una fragmentación,
“el ingrediente ideológico y las personas que siguen haciendo parte de esas
tendencias, se puede encontrar que realmente son unas formas de organización
política que siguen girando hacia el tradicional conservatismo y el
liberalismo”.
Pero además, son poco
transparentes y no son proactivos en la entrega de información sobre sus
finanzas y funcionamiento, a pesar de que la Ley de Transparencia y el Derecho
de Acceso a la Información Pública los considera sujetos obligados. Por otra
parte, la organización electoral que tenemos no está en condiciones de
garantizarles a todos los candidatos las condiciones de equidad y transparencia
necesarias en caso de que llegara a aprobarse la financiación 100% estatal.
La no aprobación de una
reforma política y electoral que regule el correcto funcionamiento de los
partidos e implante el voto electrónico permite que en numerosos municipios del
país se presenten asonadas contra las registradurías y alcaldías de parte de
ciudadanos indignados al constatar irregularidades en el escrutinio de las
votaciones. Colombia es un buen ejemplo del sistema de partidos; es un sistema
muy tradicional, el sistema original donde se crea un partido del orden y otro
del movimiento como sucedió en el siglo XIX en casi todo el mundo: incluso se
les dieron los mismos nombres de liberal y conservador. Pero, por otro lado,
mucha gente opina que en Colombia no hay partidos sino subculturas políticas
dentro de una gran cultura colombiana.
La dificultad de los dos
partidos colombianos hoy es que han perdido estas características de orden y
progreso; se han desdibujado. Desde el Frente Nacional los dos partidos se
confundieron. Casi siempre en Colombia han coexistido dentro de los
partidos tendencias distintas. Entonces hablar, por ejemplo, de conservatismo
en este caso es abusivo. Lo mismo en el liberalismo. Pero aquí la estructura es
diferente porque creo que el Partido Liberal es el gran heredero del
federalismo, le ha importado mucho más lo provincial. Si el Partido Liberal
fuera capaz de construir estos matices en tendencias más coherentes, de pronto
podría ocupar un buen espacio del terreno político.


